A propósito del Rio -20, retrocediendo un poco

Una disidencia, por: Luis Daniel Collazos

Pobre no es el que tiene poco, sino aquel que mucho desea.

Lucio Anneo Séneca

Resulta que Rio +20 es una de las reuniones menos frecuentes de la ONU. Desde la Conferencia de Rio (o Cumbre de la Tierra) en junio de 1992, en donde comenzó a introducirse bajo la dialéctica de organismos internacionales no gubernamentales, una especie de filosofía verde -que en aquellos años no pocos humanistas alertaron que los tentáculos del más alto malthusianismo se filtraban bajos las concepciones de lo sustentable, verde o sostenible- hasta ahora, en que las mas estratégicas ponencias nos venden una atractiva economía verde, o lo que es lo mismo: hacer de los recursos naturales (agua, campos de cultivo, florestas, océanos y animales) una mercadería más. Recursos que -como afirmaba Evo Morales (Rio +20 2012)- son nuestros, y están destinados a satisfacer los servicios básicos de nuestra población, y que por lo tanto, no pueden ser parte de un negocio privado.

Si ante tanto ruido pocas nueces, las nueces del Rio +20 a mi juicio son dos: los excelsos 10 minutos de presidente del Uruguay Pepe Mujica, por el lado más inspirador, y las formulas para el gobierno mundial, por el lado opuesto. Importantísimos asuntos que deben agotar toda nuestra criticidad.

No pude menos que emocionarme al escuchar a Pepe Mujica exhortando a replantearnos el concepto de desarrollo, a que la actual crisis no es ambiental sino política, a que el problema ecológico es causado por un sistema que está fuera de control y que se engendró en terreno de las ideas, y que sólo ahí encontrará su verdadera solución. Era el Eduardo Galeano de la política.

Según Mujica, ya no se trata de encontrar la mejores formulas, o buscar nuevos factores, o nuevas recetas, se trata de cambiar los operadores lógicos de lo que como sociedad llamamos bienestar. Estas reuniones pueden servir para esbozar, gracias a políticos como él, una nueva dialéctica del desarrollo, a plantear en las discusiones habituales nuevos parangones como el Desarrollo a Escala Humana (Max Neef, 1994) por ejemplo. Sea desarrollo sustentable, sostenible, o economía verde, no llegaremos muy lejos si es que no redefinimos lo que llamamos “Desarrollo”; porque de lo contrario, y advierto que hay demasiados intereses en que la “economía verde” sea el nuevo paradigma del mercado, estaremos en una situación más complicada, no sólo por la mercantilización de los recursos naturales, sino porque nuestras naciones subdesarrolladas y poseedoras de recursos perderían mas derechos sobre sus propios recursos. Y es aquí donde vislumbramos ya el segundo punto, el más delicado: el gobierno mundial, asunto que hace unos años era automáticamente calificado de conspiranoico.

Resulta que la zona VIP internacional, como toda zona VIP, se reserva el derecho de admisión: pues no sólo no hay para todos, sino que bajo la argucia del cambio climático, hay finas estrategias destinadas a controlar el flujo de los recursos naturales. Es que hay que ver todas las implicancias de esta política. ¿O no recuerdan aquel escándalo que hace poco el rey de España, fundador de la WWF, protagonizó en plena jornada de caza de elefantes en África?. Así de ridículo.

Pero el verdadero problema no es el asunto del gobierno mundial, pues hasta parece ser lo más sensato al momento de enfrentarse a desafíos planetarios, el problema es que nadie quiere redefinir lo que llamamos desarrollo, y como bajo este paradigma, lo único cierto es que no hay banquete para todos, todo lo que venga será un nuevo disfraz de un mismo sistema basado en el lucro desmesurado. Agregando lógicamente, el dominio vertical de los recursos naturales.

El significado de economía verde aún está lleno de imprecisiones y ambigüedades; y no habría ningún problema si es que fuese lo que dice ser: una economía al servicio del bienestar humano y de la igualdad social, al mismo tiempo que reduce los riesgos ambientales y la escasez ecológica. Pero el problema es el método, y lo que se esconde atrás de toda esa retorica verde, que a mi juicio, pareciera eliminar paulatinamente el control de los estados sobre sus recursos naturales. Por otro lado, la economía verde nunca fue una iniciativa civil, esta ha sido impulsada hace mas de 20 años desde miles organizaciones mundiales impulsadas a su vez por fondos que obedecen a los intereses de una elite (revísese WWF por ejemplo), acaso la misma elite que estuvo y está detrás del capitalismo más salvaje y destructor. ¿Redención? No me lo creo. Además, como criticó la presidenta Dilma Rouseff (Rio +20 2012), hay una ausencia de compromiso por parte de los países del norte en sacrificar su desarrollo con fines ambientales, mientras que al mismo tiempo, y por medio de sus organizaciones, exigen a los del sur encarar los costos de las tecnologías limpias, es decir, que además de ser proveedores de mano de obra barata y materias primas, seriamos los proveedores de servicios ambientales.

Es increíble la capacidad de negociar hasta con la polución: la compra y venta de espacios en la atmosfera por medio del mercado de emisiones de carbono pretende, ponderar de alguna forma, a las empresas que emitan más Co2. Esto no parece ser una forma inteligente de gestionar un patrimonio natural (en este caso la atmosfera y el aire que hasta el momento son gratis) sino que más parece una nueva mercantilización que fortalecería la acumulación capitalista. Por tanto, tal vez la mejor pregunta sería: ¿Puede haber desarrollo sustentable dentro de una economía capitalista?.

Afortunadamente, y en forma paralela al Rio +20, se celebró la Cumbre de los Pueblos (http://cupuladospovos.org.br), en donde organizaciones y movimientos de resistencia al capitalismo global presentaron soluciones democráticas y anticapitalistas para el ser humano y el medio ambiente.

Sepan que es imposible meditar sobre cualquier tema humano sin tomar partido. No confíen en mí, no sean acríticos, a cambio de eso, documéntense, entérense de por ejemplo, la enorme disidencia científica en el consenso de calentamiento global, asunto parece ser un dogma, y lo peor de todo, un dogma científico. Indaguen sobre las millonarias estrategias mediáticas verdes, sobre Thomas Malthus, sobre los trabajos de Michel Schooyans, sobre el climatólogo Luiz Carlos Molion, de la Universidad de Alagoas en Brasil y porque Rio +20 no parece ser un asunto científico, ni siquiera político, sino económico.

Rio +20 ha sido un fracaso. No hay voluntad en definir nuevas directrices para el desarrollo, y sólo espero que todo ese desdén no sea a propósito, para que dentro de poco, y ante situaciones catastróficas, se imponga el brazo fuerte de una dictadura verde, o lo que es lo mismo, una administración global de los recursos naturales.

Finalmente, y como decía Mujica, sólo se trata de poner al bienestar y la felicidad por encima del mercado, y si hay que cambiar toda una ciencia para eso, pues debe hacerse. Se trata de gozar de lo elemental: afecto, protección, familia, salud, vivienda, educación, creatividad, entendimiento, libertad e identidad; con todas estas necesidades satisfechas verán como empiezan a sobrar muchas cosas.

Algunos datos (*):

En los EEUU, el 99%, esto es casi todo lo que es comprado, se convierte en basura después de 6 meses.

EEUU representa el 4% de la población planetaria, consume el 60% de la riqueza del planeta y produce el 25 % de los gases contaminantes de la atmosfera. Imaginemos cómo es que se mantiene esta enorme disparidad.

80 de cada 100 personas viven en ciudades en el mundo. Muchas de las grandes ciudades crecieron sin planeamiento y se volvieron focos de violencia, criminalidad, contaminación del aire, aguas, acumulación de basura, transporte público ineficiente, miseria y exclusión en suburbios. Así, La reforma urbana, que en contra de la especulación inmobiliaria como ganancia empresarial, se vuelve una necesidad para mejorar la vida de todos.

(*)Fuente : Jornal do PCDoB, Junho 2012. www.pcdob.org.br

 

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